Caminata a Candelaria, un año más

Cualquier excusa sirve para calzarse las botas. Y para mí, las botas, es una de esas cosas friki, quizás más respetada, así que aquí estoy, contándote lo que significa para mí caminar. La experiencia de la peregrinación, en su esencia, trasciende un evento concreto; es un viaje personal que se renueva con cada paso. Este texto ya no habla de un día concreto de 2015, sino del acto reflexivo y profundamente humano de caminar con un propósito.

El Camino como Metáfora

Caminar largas distancias con un fin, ya sea espiritual, personal o simplemente deportivo, es una práctica que ha recuperado un vigor notable en los últimos años. Según datos del Observatorio del Camino de Santiago de 2023, el número de peregrinos que recibió la Compostela superó los 440.000, una cifra que no solo se ha recuperado tras la pandemia, sino que muestra una tendencia al alza, especialmente entre los caminantes nacionales. Esto habla de una búsqueda colectiva, de un anhelo por desconectar del ritmo digital y reconectar con algo más tangible: el esfuerzo físico, el paisaje y la conversación pausada. La caminata tradicional de la que hablaba, aquella que discurría por carreteras viejas, tiene su paralelismo en cualquier ruta de senderismo o peregrinación. La distancia, ya sean 20 o 200 kilómetros, actúa como un crisol. En unas 4 a 6 horas, según tu ritmo, tus acompañantes y lo que cargues en la mochila—agua, fruta, o un sencillo bocadillo—se produce una transformación. El cuerpo se queja, la mente se libera. No es necesario un destino religioso específico; el acto en sí se convierte en el ritual. Como bien señaló el sociólogo y experto en fenómenos religiosos contemporáneos, **José Luis Sánchez Nogales, Catedrático de la Universidad de Granada**: "La peregrinación posmoderna no siempre se dirige a un centro sacro canónico. A menudo, el camino mismo, entendido como espacio de autoconocimiento y encuentro con el otro, se erige en destino sagrado para el peregrino secular."

Las Razones que nos Mueven

La pregunta central permanece: ¿para qué caminar? ¿Por la fe? Mi reflexión de entonces mantiene su vigencia, pero la he matizado. La fe, en un sentido amplio, no es solo el "analgésico de la razón" del que hablaba; puede ser también su combustible. No es un saco donde esconder la ignorancia, sino a veces el mapa con el que se decide explorar el territorio de lo incomprensible. Hoy veo el caminar, especialmente en grupo, como un ejercicio de humildad compartida. Todos arrastramos algo: una preocupación, un agradecimiento, una simple necesidad de aire. La razón más poderosa, la que el tiempo no ha hecho sino confirmar, es la gente. Andar en medio de un flujo de personas con un objetivo similar, aunque sus motivaciones íntimas sean diametralmente opuestas, tiene un poder catártico. Se comparten pasos, sonrisas de complicidad ante una cuesta, un chorrito de agua fresca, un trozo de chocolate. Se crea una comunidad efímera pero intensa. Dejas de ser un individuo aislado para formar parte, voluntariamente, de una "masa" con rostro humano. En ese espacio, las peticiones y los agradecimientos silenciosos flotan en el ambiente. Los míos siguen siendo similares: claridad para priorizar a la familia y las pasiones auténticas, y el profundo agradecimiento por el amor que, efectivamente, sigue bañando mi existencia. Un estudio de la **Universidad de Stanford publicado en 2022** encontró que caminar en entornos naturales o en contextos sociales de baja presión (como una peregrinación) reduce significativamente la rumiación mental—ese ciclo de pensamientos negativos—y aumenta los sentimientos de conexión social.

El Auge del Senderismo y la Conciencia Colectiva

El mundo del caminar ha evolucionado. La conciencia sobre el equipamiento, la seguridad y el impacto ambiental es mucho mayor. Las redes sociales están llenas de recomendaciones de rutas, reseñas de calzado y debates sobre la filosofía *leave no trace*. Se ha profesionalizado, sí, pero en el fondo, el núcleo sigue siendo el mismo: la simplicidad del movimiento a pie. **Marta Salvador, Directora de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME)**, lo resumía así en una entrevista reciente: "El senderismo es el deporte de moda porque es democratizador, accesible y ofrece una respuesta directa a la necesidad de bienestar físico y mental. Los datos de licencias y participación en marchas organizadas crecen un 8% anual, pero lo importante es la huella personal que deja en cada uno." Esta popularidad ha mejorado, en general, la infraestructura y la actitud en rutas masivas. Los voluntarios de protección y asistencia, en su inmensa mayoría, realizan una labor encomiable y formada. Aquella anécdota sobre actitudes poco apropiadas que mencionaba hace una década reflejaba quizás una fase de crecimiento. Hoy, los protocolos y la formación son más estrictos. El caminante informado y respetuoso es también la norma, creando un círculo virtuoso.

Caminar para Crear Futuro

Finalmente, he llegado a ver el caminar no solo como un acto de introspección o de comunidad, sino también de esperanza activa. Cada paso es una pequeña afirmación: se puede avanzar, aunque sea lentamente. Se puede soportar el cansancio. Se puede llegar. En un mundo de noticias instantáneas y soluciones prometidas en un clic, la lentitud deliberada del caminante es un acto casi revolucionario. Te obliga a ser paciente, contigo mismo y con el horizonte. La neurociencia lo respalda. La psicóloga **Ana Muñoz, especialista en neuropsicología del deporte en el Instituto Psicológico Cláritas**, explica: "La marcha rítmica y prolongada estimula la producción de endorfinas y BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), que no solo mejoran el estado de ánimo, sino que promueven la neuroplasticidad. Literalmente, caminar nos ayuda a 'pensar' nuevos caminos neuronales, fomentando la resiliencia y la creatividad." Así que, cualquier excusa sigue siendo buena para calzarse las botas. Ya no para un evento puntual de agosto, sino para cualquier fin de semana, cualquier amanecer que invite a moverse. La caminata ya no es hacia un templo exterior, sino hacia una versión más serena y conectada de uno mismo. El equipamiento ha cambiado, las cifras de participación también, pero la esencia permanece intacta: en la simplicidad del paso a paso, encontramos un espacio único para reconciliar lo que somos con lo que aspiramos a ser. Y en ese camino, nunca estamos verdaderamente solos.

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Decálogo ideológico de este blog:
Dignidad, palabra y criterio.

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