De animales a dioses... y viceversa

Portada del libro De animales a dioses

Han pasado diez años desde que “De animales a dioses” de Yuval Noah Harari irrumpió en el panorama cultural, y su eco no ha hecho más que amplificarse. Releerlo hoy, en 2025, no es un ejercicio de nostalgia, sino una experiencia radicalmente distinta. El mundo que Harari diseccionaba con ironía y lucidez ha acelerado sus procesos hasta extremos que entonces parecían ciencia ficción. Este no es un artículo sobre el libro, sino una reflexión sobre por qué su mensaje se ha vuelto más urgente, personal y necesario que nunca en nuestra era de inteligencia artificial, crisis de sentido y redefinición constante de lo humano. Si en 2015 el libro se percibía como una provocación intelectual brillante, hoy se lee como un manual de diagnóstico. Harari, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, no se limitó a narrar nuestro pasado; nos dio las claves para entender las narrativas que sostienen nuestra realidad. Su tesis central—que la capacidad humana para crear y creer en ficciones compartidas (dinero, naciones, derechos humanos) es lo que nos permitió escalar de animales a dioses—ha encontrado su prueba de fuego en la última década. Vivimos inmersos en ficciones digitales, algoritmos que modelan nuestros deseos y realidades virtuales que compiten con la tangible. La autocrítica que Harari exigía al lector ya no es un lujo intelectual, sino una habilidad de supervivencia cognitiva. En un entorno de hiperinformación y burbujas de filtro, cuestionar nuestros propios condicionamientos culturales y sociales es el primer paso para no ser meros peones en un juego cuyas reglas ignoramos. El libro te obliga a hacerlo de forma descarnada, riéndote de ti mismo y de la solemnidad con la que nuestra especie se toma sus propias creaciones. **La relevancia en la era de la IA y la desconexión** La predicción de Harari sobre una élite “inútil” en un mundo automatizado ha pasado de ser una especulación distópica a un tema central en foros económicos y éticos. Según un informe de 2024 del World Economic Forum, se estima que para 2027 la adopción tecnológica desplazará un 23% de los puestos de trabajo actuales, al tiempo que creará un 10% de nuevos empleos, exigiendo una reconversión masiva de habilidades. Esta transición no es solo económica; es existencial. ¿Qué harán los humanos cuando la inteligencia artificial supere en eficiencia a la biológica en la mayoría de tareas productivas? Harari no da respuestas fáciles, pero su marco nos ayuda a formular la pregunta correcta: ¿qué queremos que sea la humanidad? En este contexto, una cita reciente del filósofo y tecnólogo Max Tegmark resume bien la encrucijada: "La IA no es el problema. El problema es lo que los humanos hacemos con ella. Nuestro desafío no es técnico, sino de gobernanza y sabiduría." - Max Tegmark, Presidente del Future of Life Institute La “revolución cognitiva” que Harari sitúa en los albores de nuestra especie parece estar replicándose ahora a escala digital. Estamos delegando no solo tareas, sino también la toma de decisiones, la curación de información e incluso la compañía emocional a sistemas no conscientes. La pregunta por la felicidad, que el libro aborda con escepticismo, adquiere nuevas capas. ¿Puede ser feliz una generación hiperconectada pero que, según el informe *World Happiness Report 2024*, reporta niveles de ansiedad y soledad un 30% superiores a los de hace una década? **Más allá del homo sapiens: La humildad como imperativo** Uno de los legados más perdurables de “De animales a dioses” es su llamado a la humildad de especie. Nos recuerda que nuestro dominio planetario es un accidente geológico reciente y frágil. La crisis climática, con datos de la NOAA mostrando que los últimos nueve años han sido los más cálidos registrados desde 1880, es la prueba más tangible de que nuestro poder no está correlacionado con la sabiduría. Harari nos despoja del excepcionalismo humano y nos coloca en el flujo de la historia biológica, un correctivo necesario en una era de solipsismo tecnológico. La historiadora y escritora Anne Applebaum, reflexionando sobre las narrativas que dividen nuestras sociedades, ha señalado: "Las historias que nos contamos sobre nosotros mismos pueden unir civilizaciones o destruirlas. El poder de una narrativa compartida es el poder más subestimado y peligroso que poseemos." - Anne Applebaum, Historiadora y periodista en The Atlantic Este poder es justo lo que Harari analiza. El libro es una herramienta para desmontar las narrativas tóxicas y participar en la construcción de otras nuevas, más inclusivas y sostenibles. No se trata de un pesimismo nihilista, sino de un realismo esperanzado que nace de comprender nuestros orígenes para tomar control consciente de nuestro destino. **Un compañero para navegar la incertidumbre** Finalmente, lo que convierte a “De animales a dioses” en un libro *evergreen* es su tono. Esa ironía compasiva con la que observa nuestros tropiezos históricos es el antídoto perfecto contra el dogmatismo y la polarización que caracterizan nuestro discurso público. Releerlo hoy es como consultar a un viejo amigo extraordinariamente sabio que, en lugar de darte soluciones, te entrena para hacer mejores preguntas. En un mundo que cambia a velocidad de vértigo, la perspectiva a largo plazo que ofrece Harari—desde los primeros sapiens hasta los potenciales cyborgs—es un ancla. Nos recuerda que, a pesar de toda nuestra tecnología, seguimos siendo animales narrativos, necesitados de historias que den sentido a nuestra existencia. La cuestión es si seremos capaces de crear una narrativa colectiva lo suficientemente poderosa para guiarnos hacia un futuro en el que merezca la pena vivir, sin olvidar nuestra condición animal. Como señala el científico cognitivo Steven Pinker en sus trabajos más recientes: "El progreso no es una fuerza mística; es el resultado de aplicar la razón para resolver problemas. Comprender nuestra historia es el primer paso para continuar ese progreso." - Steven Pinker, Profesor de Psicología en la Universidad de Harvard “De animales a dioses” no proporciona un mapa del futuro, pero sí la brújula más fiable que he encontrado: una comprensión profunda, desmitificada y humilde de lo que somos. En 2025, esa brújula es más valiosa que nunca. Léelo. O, si ya lo hiciste, léelo de nuevo. El libro no ha cambiado; nosotros sí. Y en ese contraste reside su magia perdurable.

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Decálogo ideológico de este blog:
Dignidad, palabra y criterio.

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