El temor de un hombre sabio

No. No es el título de un rollazo timorato y expeditivo sobre lo correcto o lo incorrecto. Puedes estar tranquilo. Es el título del segundo libro de Patrick Rothfuss, de quién no conocía su jovial y barbudo careto hasta ver hoy el anuncio de la publicación de su tercer libro (y por ahora el último), que no continua la saga pero amplia el universo que rodea toda la historia de Kvothe a través de Auri, uno de esos personajes que gana su presencia no por la cantidad de apariciones sino por la incertidumbre que le envuelve.

Si me preguntas que te describa el libro cuyas tapas cerré ayer noche, no sabría. Es decir, el primero, El nombre del viento , me pareció un paseo por los escenarios de las películas que recreaban la interminable saga de Joanne Rowling. Quizás te suene. Un tal Potter. En este caso no hay un colegio sino una Universidad enmarcada en un tiempo impreciso que igualmente respondía al ideal de una cultura tan antigua que ni el mapa era como la geografía de hoy en día. Lo que a su vez te hacía respirar un no sé qué a lo Tolkien. El segundo, El temor de un hombre sabio, del que te hablo hoy, aquí, es una especie de Indiana Jones. Pero al mismo tiempo la historia no es nada de eso. La historia es, sencillamente, la biografía de Kvothe. El personaje que lo llena todo, absolutamente todo, en las dos primeras obras y presumiblemente alcanzará su culmen en la prometida última, de título Las puertas de piedra. Final del que yo ya tengo mi apuesta, pues el segundo (me parece) desvela todas las claves necesarias para su desenlace.

Por alguna razón ese joven personaje recreado por aquel otro vetusto y maduro profesor de lingüística inglesa me enganchó. Me sentí identificado con su inteligencia, con su arrogancia, con su ira, con su impulsividad... y sus constantes meteduras de pata. Me recuerda una manida frase que no sé dónde leí o escuche, de esas verdades incuestionables que uno ficha para sí, que trasladada al personaje quedaría como: Kvothe es un elenco de malas acciones motivadas por buenas intenciones. Vamos, un metepatas.

El motor que lo mueve es el secreto, el misterio, su descubrimiento. Algo que lo impulsa más allá de toda razón. Y la justicia, o más que eso, la ira ante la injusticia, es la fuente de todas sus calamidades. Y el amor hacia lo que no entiende incluyendo por encima de todo y de todas a su siempre evasiva Denna. Son estas las tres claves que te seducen a poco que en los primeros capítulos te hayas perdido entre descripciones, micro historias, poemas y conversaciones.

Si ya tienes una edad, no necesariamente en el carnet, sino en la cabeza, has leído de esto y de aquello, las fuentes de las que bebe el autor están ahí. No las asegurarías pero las intuirías. Lo que le pasa a los Amyr es casi lo que le pasó a los templarios. La historia de la Universidad es la historia de la ciencia acercándose al medievo a veces, al renacimiento otras. Su épica es artúrica hasta la médula. Lo celta está presente por eso mismo y también la mística oriental, puede que hasta un olor a un Don Carlos superado por un Don Juan yaqui. Y Kvothe es el antihéroe. Es la nota discordante en todo esto. En una epopeya siempre esperas a un super hombre y no a un torpe. Es inteligente pero no es listo. Es excepcional en su razón y su análisis pero extremadamente humano e impulsivo en sus emociones, que dictan en última instancia la mayoría de sus acciones. Y la razón es lo que atranca su mente dormida, pero nada más te contaré.

Solo que si lo tuyo es la literatura de fantasía, si te enamoraste del universo de Tolkien en la adolescencia, si Asimov no te suena a nombre ruso raro, si eras suscriptor de Muy Interesante con 16, si aún sigues consumiendo Cuarto Milenio pero no se lo dices a nadie por aquello del ridículo... tienes que conocer la historia de Kvothe.

Lo único que lamento son las horrorosas portadas de estas obras. :)

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