La cifra de seguidores SÍ importa

Los que nos dedicamos al marketing, por directa o por indirecta, como creativos o como tecnólogos, somos un poco mentirosetes. Muy de vez en cuando contamos la realidad obviando una parte mientras engrandecemos otra. Y yo me meto en el saco de pecadores, me pongo delante, para que nadie me señale, pues no es menester en este breve texto acusar a nadie sino rebatir una de esas cosas que, o bien se obvian o bien se engrandecen.

Y es que lo que pretendo demostrar es que el tamaño SÍ importa, que en no pocas ocasiones se afirma lo contrario acudiendo a vocablos angloparlantes como engagement (palabreja que ya tenía un amplio vocabulario en castellano, ese que nos hemos empeñado en minusvalorar, con palabras tales como fidelidad, empatía, implicación, identificación... obviamente del cliente / consumidor / usuario con la marca de la que se esté hablando en ese momento).

Obviamente que más (tengo una eterna duda sobre cuándo se acentúa y cuándo no este adverbio según las últimas ordenanzas del consejo de sabios) valen 100 seguidores reales que 1.000 seguidores falsos. Para eso no es un argumento válido para afirmar, como he oído por ahí, en algún foro experto, de boca de algún gurú (que aún quedan) bien pagado, que las cifras de seguidores no importan, no sirven para nada. ¡Y un cuerno! A los hechos me remito.


El tamaño sí importa porque...

Primero, el tamaño sí importa, porque socialmente, como manada, grupo, masa... tendemos a acercarnos a la abundancia, la salud, lo hermoso, lo rico, de manera instintiva, como un mecanismo de supervivencia. Que nos atraiga más un perfil con 100K seguidores que uno con 100 es algo instintivo. Predecimos, sin razón o con ella, que en el paraguas del de 100K es más fácil sobrevivir, obtendremos más recursos, porque es más rico que en el caso de un influencer de 100 seguidores, que sin duda alguna -léase el sarcasmo implícito- acusa cierta tendencia a la escasez, al hambre, a la pobreza. Mecanismos simiescos que muy a nuestro pesar siguen accionando nuestro instinto acumulativo y consumista. Mecanismos que los analistas de mercado conocen y por los que aún siguen contratando a influencers de dudosa limpieza pese a saber (porque alguien que maneja millones de dólares o euros en presupuestos de publicidad tonto no es, por mucho que los gurús de sala se empeñen en ridiculizarlos) que un porcentaje de su "influencia" es pantalla, escenificación, construida a fuerza de tarjetazo.

Segundo, el tamaño sí importa, porque a la hora de relacionarnos en una negociación con terceros, partiendo de la base que has construido tu comunidad a fuerza del famoso engagement o por la inversión presupuestaria formal (porque, señoras y señores, hay una forma honrada de comprar seguidores y es utilizando las plataformas publicitarias de las propias redes sociales, donde gastamos más euros y, efectivamente, sale más caro, pero aseguramos con una alta probabilidad de no equivocarnos sobre la autenticidad del nuevo follower). El número de followers o fans o seguidores o pseudoamigos constituye una herramienta que, apoyada en los likes, comments y shares, se convierte en arma de negociación. La mía es más grande que la tuya ergo tú me tienes que darme a mí más que yo a ti. Yo tengo el poder. O más poder que tú. O, si nos miden más o menos lo mismo, podemos hacer que nos crezcan más aún. Las comunidades, se sobreentiende.

Tercero, el tamaño sí importa, porque a la hora de que nos referencien y señalen, para bien o para mal, que unos terceros hablen de otros terceros, lo querrán hacer sobre gente de poder, por mezquindad o por admiración. Porque es una forma de decirle al otro estos son mis valores sin hablar de valores. Mis valores son los mismos o los contrarios a aquellos personajes públicos que salen en los medios (porque incluso influencers con una demostrada base de seguidores comprados se convierten en populares, con el im o sin el im delante), esos a los que hago referencia en mi dialéctica, para bien o para mal.

Entonces, cómo hacer que crezca, correctamente

Si no quieres que los gurús de salón, esos que también compran seguidores para luego comprar voluntades que les contraten para sus chácharas de powerpoint, entonces haz lo siguiente.

Primer paso: Ganar la voluntad de tu público potencial

Para ello la primera pregunta que debes hacerte es, obviamente, quien es tu público potencial. Si tu formas parte de ese público entonces sabrás, intuirás al menos, qué es lo que le mueve, le motiva, le inspira. Sabiendo eso ya sabes qué tipo de contenido debes publicar, cómo debes publicarlo, cuándo debes publicarlo e incluso cómo debes escribirlo o fotografiarlo o grabarlo o editarlo.

Si a esto le añades un mínimo conocimiento de cómo posiciona el contenido la plataforma digital en la que has elegido moverte (etiquetas, comentarios, reacciones, palabras...), ya has hecho la mitad de la tarea. La otra mitad es trabajar porque, aspirante a influencer de turno, esto no viene gratis.

Y, si tienes dudas, fíjate en lo que hacen los que sí tienen éxito -entre tu público objetivo, no seas necio ni necia ni necie-. Y no te fijes un día. Síguelos como si fueras su fan número uno al menos durante 3 meses.

Segundo paso: Gastar dinero honradamente

Y esto debes hacerlo como segundo paso, remarco. No al revés. Primero el apartado anterior, segundo este apartado. No seas memo, mema ni te conviertas en un meme.

Desde 1 euro al día, como la bonotolo o la primitiva. Sabiendo quién es tu público (por temática, rango de edad, intereses y/o geolocalización) puedes empezar a acumular seguidores pero, para ello, tendrás que construir un anuncio. Pero si has hecho tus deberes, sabes lo que motiva a tu público, entonces sabrás redactar el texto gatuno ideal con la foto gatuna perfecta para atraer a quien quiera que sea, incluso a los que más se resistan a tu atractivo mayestético.

Las herramientas son tremendamente sencillas de utilizar, a priori pareciera que necesitases un título de ingeniería aeroespacial para configurar tanta opción, pero no es así. Para lo básico no necesitas sino ir leyendo con atención (no hacerlo ni deprisa ni corriendo ni con ligereza -y nunca he entendido estas dobles negaciones-). Apoyarte en los abundantes textos de ayuda que las propias plataformas te proporcionan (porque por algo es la vía por la que ganan dinero, tornillo). Pensar bien lo que pones, lo que haces y lo que eliges. Hacer pequeñas pruebas con poco dinero. Y hablo de 1 euro diario durante un par de días. Aprender antes de cometer estupideces gastando 100 ó 1.000 euros que nadie te devolverá, producto de tu arrogancia.

Si lo haces bien tu inversión en tu marca personal, en ti como futurible influencer, terminará siendo rentable porque, mal que le pese a la guru-jauría de turno, el tamaño SIEMPRE importa.

Incluso cuando te dicen "cariño, no te preocupes, hay otras maneras".

(Texto escrito de un tirón, sin revisar aún.)

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