Restaurando figura manga: Highschool of the Dead

La verdad es que no sé si esta figura es de la saga “Highschool of the Dead” pero desde luego está en esa línea. Un impresionante cuerpo femenino hiper exagerado en sus formas sensuales, vestida a medio camino entre la universitaria sex-symbol y la heroína sangrienta mata monstruos... muy del estilo japonés (que ya sabemos que lo se reprime en casa se vomita en el manga y el anime).

La cosa es que, ya me pasaba antes, como uno le da al pegamento, las pinturas, los cutters y un par de cajas con todo tipo de cositas es habitual que alguien te llegue y te diga aquello de: es que limpiando... y entonces... claro... y si me lo podrías arreglar... qué... cuánto... estás loco... vale, venga.

Esta vez fue la churri, esa que me consiente las frikadas y la música metalera o que me cambia sonriendo un día de tiendas por un día de pateo en el monte (y que además lleva consintiéndome veinti-tantos y unos pocos más), la que me dice: mi figurita, 'tá rota.

Y te da esto, lo que ves a tu derecha:

¿Qué harías tú si estuvieras en mi lugar? Pues ni corto ni perezoso a la mesa de trabajo va. Básicamente la labor de restauración ha consistido en volver a dar solidez al conjunto pegándolo con pegamento bicomponente Araldit de secado rápido (puedes pintar a los 5 ó 10 minutos).

Luego apliqué lavados y pincel seco con negros, marrones y grisis en la base, un poco a boleo, hasta que el resultado ganó un poco de vidilla; más algo de pincel seco con blanco para la calavera del suelo. Maté el brillo de la media y los guantes con disolvente, para aplicar luego pincel seco naranja. Ensucié la piel, las braguitas (jejeje) -aunque no sé por qué no hice lo mismo con las botas, sería lo suyo-, repasé las manos, le añadí una cinta al pelo para disimular la junta de unión de las dos partes del cabello... pim, pam, pum... y ahora... ¿y las ninjatō? ¿Nena, las espaditas de la figura? ¿Espaditas? ¡Ay! ¡No sé!


¡Ostras! ¿Y cómo lo hago? Al lío. Dos tiras de Evergreen de aproximadamente 2 ó 3 milímetros de ancho por 0,5 o menos de grosor, recubiertas por ambos lados con papel adhesivo metalizado grueso que no tengo ni idea de dónde lo saqué, creo que venía con algún juguete para hacer un espejo y me lo agencié. Dale a la motosierra Angelito y a modelar las espaditas con el Dremel. En el mango, cinta de enmascarar recortada en tiras, para la tsuba unas gomitas que encontré en la caja de desechos y para el remate de la empuñadora una bolita de pegamento bicomponente que dejé solidificar.

Pintura negra para el mango con pincel seco cuero después (ambos de Vallejo), retoques en oro (de Tamiya) para el tsuba y el pomo que remata el nakagojiri, repasar bordes de la hoja de los sables con rotulador permanente plata, creo que es de Edding, una manita de azul transparente de Tamiya, una manita de negro humo de ídem, una mano de barniz para acrílicos (material artístico, no modelístico, pero igualmente sirve), unas manchitas de sangre en rojo mate sin esperar a que secaran los tres barnices (azul, negro y transparente). Resultado, ¡esa sangre está fresca!

La verdad es que me quedaron más ninja (que se caracterizaban por su hoja recta, conocida como ninjatō, ninjaken o shinobi katana) que samurai (la tradicional hoja curva) pero las sayas (las vainas) de la figura son rectas, así que más creíbles. No me preguntes por qué sé, y me sé, todas esas palabras (y no es por Wikipedia).

La intención al ensuciar la figura es sumar un pelín de realismo a su pose dinámica. Y una última decisión tomada en familia, ¿posición habitual o invertida (como si fuera un cuchillo)? Hay unanimidad en casa, posición invertida. Mola más, es más agresiva, requiere más arrojo usarlas así y además el ninjatō que está delante no queda bajo el brazo sino visible.

Y este es el resultado de dos tardes divertidas:





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