Museo del Automóvil de Tenerife (2001)
| Hacia el año 2000 ó 2001 me contactó un coleccionista de clásicos y clásicos deportivos de la isla, un potentado empresario con disponibles y economía, porque, casualmente, la marca que yo usaba, ArteCar24, era igual a la que él y un grupo de apasionados del motor deportivo usaba en alguno de sus viejos trastos, ARTECAR. A través de él descubrí dos cosas que caracterizan al mundo del automóvil clásico y antiguo en la isla, que hay dos sectores opuestos que se niegan a reconocerse entre sí. Los que vienen a estar representados por el Club de Automóviles Antiguos de Tenerife, en su mayoría empresarios, terratenientes, contratistas y, en general, un nutrido grupo de hombres selectos que representaban a los que en los sesenta del pasado siglo XX formaban la clase pudiente de nuestra chicharrera sociedad. Y el resto, los amantes del clásico moderno, o el clásico deportivo, de los que eran adictos los nuevos ricos que llegaron en los ochenta. Los que, a su vez, ni siquiera incluían a los aficionados del clásico popular. Clase trabajadora. Es curioso que con una afición tan numerosa y tan bien entendida, en uno u otro bando, donde hay que agradecer a tantos héroes individuales lo que han hecho por conservar nuestra memoria automovilística, haya tan poca unidad y unanimidad. Y puede que esto se explique porque pareciera que un viejo fotingo convierte a su propietario, de manera automática y paradigmática, en el centro de atención de vecinos, amigos y demás que se acerquen. Juntarse implica dejar de ser centro de atención. Es una pena que la vanidad y el ego, el ombligo, tan prolijo en las culturas isleñas, quizás porque el mar forma nuestra limitada perspectiva ante el mundo, coharte tantas oportunidades de conocer a personas interesantes, historias increíbles y coches maravillosos, sean sus orígenes humildes o señoriales. Pero, en fin, uno ya se va resignando a que las cosas sean así. Y dudo mucho que cambien. Todo esta reflexión previa viene a recuperar y rememorar aquí la corta aventura de este empresario de la construcción, del que ya perdí su contacto y olvidé su nombre, que en aquellos años se atrevió a abrir el primer Museo del Automóvil de Canarias, el AutoMuseo, en el Centro Comercial Pueblo Canario, frente al Casino Las Américas, en Adeje, centro neurálgico del turismo insular. El AutoMuseo tuvo una corta historia, que no creo que llegara al año, porque aquellos 5.000 metros cuadrados eran codiciados por inversores que veían más rentable una discoteca o una sala de baile para guiris. Ciertamente la zona se prestaba para eso. Mucho se intentó buscar la ayuda del Cabildo Insular para traer esta gran idea al área metropolitana, convirtiéndolo así en un motivo más para atraer el turismo a la capital, pero aquello resultó en nada, el museo cerró, los coches regresaron a los garajes de sus dueños, los puestos de trabajo que se crearon se perdieron. Y los planes se olvidaron. Así somos en esta isla. A los que intentan hacer, se les torpedea por envidia o se les zancadillea por ignorancia. Somos magos, pero no de campo, de ciudad. Y no con guataca sino con corbata. Al final, un AutoMuseo que se hubiera convertido en el eje central de nuestra pasión por el transporte, nacida de la necesidad y de las limitaciones que nos marca un territorio agreste y complicado, se disolvió en el olvido, dejando tras de sí más de lo que ya había, decenas de asociaciones y clubes formados por unas pocas decenas de aficionados que en cuanto superan los 20 ó 30 miembros se segregan y repiten la misma historia, como en un día de la marmota con olor a benceno y rueda quemada. El ombliguismo insular tiende a eso. Muchos gallos para un corral tan pequeño. Recordemos pues lo que escribí en aquellos años, dejando como testigo de mis dos visitas lo que era su folleto divulgativo. Hoy, en 2025, aquella experiencia me lleva a reflexionar sobre cómo la pasión por el automóvil clásico sigue viva, aunque fragmentada, y cómo el espíritu de aquellos pioneros aún resuena en iniciativas recientes. Según un informe de 2024 de la Federación Española de Vehículos Antiguos (FEVA), en Canarias hay más de 12.000 vehículos históricos matriculados, un 15% más que en 2020, lo que demuestra que la afición no solo perdura, sino que crece. Sin embargo, la falta de un espacio museístico unificado sigue siendo una asignatura pendiente. "Canarias tiene una de las mayores densidades de vehículos clásicos por habitante de España, pero carecemos de un museo que aglutine ese patrimonio de forma permanente", afirma José Luis Rodríguez, presidente de la Asociación de Amigos del Automóvil Clásico de Tenerife. El auge de los eventos temáticos, como la Concentración de Clásicos de La Laguna, que en 2024 reunió a más de 400 vehículos, muestra que el interés se mantiene, pero la atomización en clubes sigue siendo un lastre. "La colaboración entre colectivos es clave para preservar nuestra historia automovilística, pero el individualismo insular frena muchos proyectos", señala María González, historiadora del motor y autora del libro 'Ruedas Isleñas: 50 años de automovilismo en Canarias' (2023). Quizás, si aquel AutoMuseo hubiera perdurado, hoy tendríamos un referente capaz de unir a todos esos gallos en un solo corral. El legado de aquel museo efímero también me hace pensar en el valor de los espacios compartidos. En 2022, el Cabildo de Tenerife lanzó un programa de rutas turísticas en vehículos clásicos, con una acogida de más de 2.000 participantes en su primer año, según datos de Turismo de Tenerife. Es un avance, pero aún estamos lejos de aquella visión de 5.000 metros cuadrados dedicados al motor. La memoria de aquellos coches, desde el Hispano Suiza TF-8 hasta los clásicos de los años 70, sigue viva en los garajes privados y en las exposiciones temporales, pero la falta de continuidad es una herida que no termina de cerrar. En 2025, con la creciente digitalización de los archivos históricos, iniciativas como el proyecto 'Memoria del Motor Canario', impulsado por la Universidad de La Laguna, están recopilando fotografías y documentos de época para crear un catálogo virtual. Es un consuelo, pero no reemplaza la experiencia de ver aquellos bólidos en persona, con su olor a benceno y su brillo restaurado. Como bien dice el refrán isleño, "el que no tiene memoria, no tiene futuro". Ojalá que algún día, otro soñador con recursos y visión se atreva a retomar aquel sueño, y que esta vez la isla lo abrace sin reservas. | Artículo de ~ 2001: | |||
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Si me lo hubieran contado, creo que no me lo hubiese creído. Todo aficionado al automovilismo, en cualquiera de sus vertientes, pero sobre todo en la competición en rally y en el entorno del automóvil histórico sabe de la gran afición que hay en Canarias a estos mundillos. Sin embargo, si bien el sector de la competición está muy bien organizado (siempre habrá contratiempos y mejoras posibles), con una financiación más que aceptable (aunque siempre se quiera más), una estructura competitiva muy positiva y altamente espectacular, con gran afluencia de público a las carreras, no es menos cierto, que el mundo del automóvil antiguo y clásico en Canarias se mueve en círculos semicerrados en los que a veces, es difícil entrar o moverse, mucho menos estar informado y asistir a sus actividades, a veces aparentemente restringidas a los "poseedores" de vehículos. Con todo estos antecedentes, es muy sorprendente (y enormemente elogiable) que en la isla de Tenerife, y por iniciativa estrictamente privada por parte de un grupo de aficionados, con muchísimas más ganas que a veces medios disponibles, sin apenas un mínimo reconocimiento o apoyo por parte de las autoridades públicas o de las grandes marcas de fabricantes, se ha abierto el que con seguridad, es uno de los mejores museos del automóvil de todo el país. E insistimos y reiteramos nuestra opinión: uno de los mejores, más completos, mejor organizados y más documentados de España. En un local de más de 5000 metros cuadrados repartidos en dos plantas, cuyo diseño se realizó pensando en una sala de fiestas y que parece hecho in expresso para el museo, por su apertura, altura de techos, visibilidad (desde casi cualquier parte puede observarse la práctica totalidad del museo)... con unas instalaciones exquisitamente montadas en cuanto a sonido, iluminación, personal... se exponen más de un centenar de vehículos históricos, desde los primeros matriculados en las islas, representados con un Hispano Suiza TF-8, hasta los clásicos europeos que recorrieron nuestras carreteras en los años 70, incluyendo motos y algún camión de la década de los 30, así como una representación del automovilismo deportivo clásico de nuestras islas, con alguna representación de modelos prácticamente únicos en todo el mundo. Una extensa colección de fotografías de época sobre el automóvil en Canarias, una colección de miniaturas (aún por exponer), una sala dedicada a Mercedes con más de una decena de modelos expuestos, algunos de ellos prácticamente únicos por su historia, un variado merchandising de gran calidad a disposición del visitante, zona de cafetería... en definitiva, todo un sueño al alcance de todo aficionado que se precie... y sin tener que salir de nuestras islas. | ||||
Folleto original de ~ 2001 | ||||
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