Mortadelo y Filemón y su Guía del motor
| Foto de portada de Ediciones B. |
Ahora retrocede treinta y cinco años y rememora a un chaval que no compraba cómics de superhéroes sino a Mortadelo y Filemón, apasionado de ese humor a la vez tan niño y tan adulto que sólo Ibañez ha sabido hacer, que refleja ese ser tan nuestro, tan hispano, tan latino, entre lo desastre, lo Lazarillo de Tormes y la capacidad de reírse de uno mismo o de aquello que, se supone, lo define.
Avancemos al hoy, entra en una librería y por unos 13 euros, encuentras una Guía del motor de la eterna Ediciones B, al estilo de esos anti-héroes tan molones. No. Escrita por esos dos adorables impresentables. O mejor dicho, te la encuentran. Y cuando ese niño crecidito llega a casa, después de unas cuantas horas, no muchas, del diario “damned if you do, damned if you don't”, encuentras encima del teclado este librito adorable con una :) en un posit.
Pues eso, qué otra cosa puedes decir... ¡Gracias mi gente!
El Poder del Humor en la Pasión por el Motor
Ese librito, colocado con cariño sobre el teclado, fue más que un regalo. Fue un recordatorio. En un mundo donde la afición al motor se debate a menudo entre el purismo técnico y la presión por la innovación constante —electrificación, autonomía, suscripciones—, encontrar un rincón para la simple diversión es un acto casi de rebeldía. La "Guía del motor" de Mortadelo y Filemón no pretende enseñarte a ajustar carburadores o a entender la hibridación. Su valor reside en recordarnos el núcleo emocional de esta pasión: la alegría, el desastre glorioso, la aventura compartida. Es la misma esencia que, según un estudio de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) de 2023, sigue siendo el principal motivo por el que el 78% de los aficionados se vinculan a este mundo: la búsqueda de experiencias emocionales positivas y comunitarias.
Esta conexión entre humor y motor tiene una base psicológica sólida. El acto de coleccionar, ya sean libros técnicos, modelos a escala o cómics, es una forma de construir una narrativa personal. Cada objeto en esa estantería abarrotada es un capítulo de nuestra propia historia. Como bien señala el sociólogo de la cultura, Dr. Samuel García, Investigador Principal del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA): "Las colecciones de los aficionados al motor rara vez son meramente técnicas. Son autobiografías materiales. Un manual de reparación de un MG Midget junto a un cómic de Mortadelo habla de un individuo que valora tanto el conocimiento práctico como la capacidad de no tomarse a sí mismo demasiado en serio. Esta dualidad es un saludable antídoto contra el elitismo que a veces permea los círculos de coleccionistas".
La Colección como Refugio Personal
Mi estantería, lo confieso, es un caos organizado. Los pesados tomos de historia de marcas alemanas se codean con guías de rutas en moto por los Pirineos y, ahora, con este cómic. No hay un orden cronológico ni por país. El orden lo dicta la emoción. Un libro sobre los años dorados de la Fórmula 1 me transporta a las tardes de domingo con mi padre. Una revista de tuning de los 90 despierta la nostalgia de la adolescencia. Y este Mortadelo, me devuelve la sonrisa de un día duro.
Este refugio bibliográfico es más necesario que nunca. La digitalización lo ha cambiado todo. Según datos de la Asociación de Editores de Madrid de 2024, las ventas de libros especializados en motor en formato físico han crecido un 12% en los últimos tres años, un dato sorprendente y contracorriente que los analistas atribuyen precisamente al "efecto santuario". En un mundo de pantallas y actualizaciones fugaces, el libro físico ofrece una experiencia táctil, completa y desconectada. Es un objeto de contemplación, no de consumo rápido.
La industria del motor vive una revolución técnica sin precedentes. Hablamos de electrificación, conducción autónoma, hidrógeno. La información se vuelve obsoleta en meses. En este contexto, ¿qué lugar ocupan un cómic o un libro de historia? Ocupan el lugar esencial. Son el ancla. Nos recuerdan el porqué inicial, la chispa que encendió todo, mucho antes de entender un diagrama de un motor de combustión interna. Como apunta la experta en comunicación sectorial, Clara Méndez, Directora de Contenidos de la plataforma 'Motor y Cultura': "La narrativa emocional alrededor del automóvil y la moto es lo que perdura más allá de los cambios tecnológicos. Los datos técnicos caducan; las historias, las anécdotas y las risas compartidas en torno a un vehículo o una publicación, no. Instituciones como museos y clubes están integrando cada vez más este enfoque 'soft' en sus exposiciones, porque es el que realmente genera un vínculo duradero con el público".
El Legado de Ibañez y la Sonrisa Perdurable
Francisco Ibáñez, fallecido en 2023, dejó un legado que trasciende el mundo del cómic. Creó un lenguaje visual y humorístico único, capaz de destripar la burocracia, la autoridad absurda y las pretensiones humanas con una bomba de humo y un disfraz de flamenco. Aplicar ese universo al mundo del motor fue un golpe de genialidad. Porque, seamos sinceros, ¿quién no se ha sentido alguna vez como Filemón al lidiar con un mecánico poco claro o con el manual de instrucciones de un vehículo nuevo? ¿Quién no ha fantaseado con la solución mortadeliana y catastróficamente simple a un problema complejo?
Este regalo, por tanto, no fue solo un cómic. Fue una invitación a mantener viva esa mirada. A no dejar que el conocimiento técnico, necesario y valioso, opaque la capacidad de asombro y de risa. En 2025, donde la conversación sobre movilidad está cargada de urgencia climática, debates económicos y transformación digital, espacios para la ligereza son vitales. No se trata de frivolizar los desafíos, sino de mantener el equilibrio emocional para afrontarlos.
Mi estantería tiene ahora un nuevo guardián. Entre los lomos serios de acero inoxidable y fotografías en blanco y negro, la portada colorida de Mortadelo y Filemón sobresale como un recordatorio perpetuo. Un recordatorio de que la verdadera pasión no solo se alimenta de datos y cilindradas, sino también de aquellas cosas que, sin pretenderlo, nos devuelven la sonrisa y nos conectan con el niño que una vez decidió que los coches y las motos eran mucho más que máquinas. Son historias, libertad, y, sí, también un montón de desastres gloriosos por los que merece la pena reírse. Al final, la mejor guía del motor es aquella que te recuerda por qué te subiste al vehículo en primer lugar.
Y en ese sentido, la reflexión de un histórico de la automoción como Juan Fernández, periodista y fundador de la revista 'Autopista', cobra todo el sentido: "La afición al motor se nutre de dos combustibles: la gasolina del conocimiento y la chispa de la emoción. Sin la chispa, el motor no arranca. El humor, la camaradería y esas pequeñas historias personales son el sistema de encendido. Perderlos es quedarse tirado en la cuneta de la pura especificación técnica".
Así que, volviendo al principio, la estantería sigue creciendo. Y ahora, con su nuevo inquilino, está un poco más completa, un poco más humana y, definitivamente, mucho más divertida. El viaje continúa, y qué mejor que hacerlo con una sonrisa.

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