7ª Expo-Auto Güimar 2015: clásicos en el valle

Fotografía de coche clásico
Vista de una concentración de automóviles
Detalle de motor o interior clásico
Grupo de propietarios conversando
Clásico deportivo en exhibición
Vehículo utilitario clásico
Clásico familiar de los años 70
Detalle de parrilla o faro antiguo
Panorámica general de la exposición
Fotografía de Esther Álvarez.
Con el paso de los años, uno va dejando atrás la euforia de los 30 y se adentra en esa juventud experimentada de los 40, acercándose al siguiente capítulo de la vida. Es en este punto donde, al reflexionar sobre el mundo del automóvil clásico, te das cuenta de la buena gente que puebla nuestra fauna de aficionados. Me refiero a todos, desde el amante del clásico deportivo hasta el del clásico popular, del fotingo al berlina de postín, sin que nadie se ofenda. La esencia de esta afición, más allá de los cromados y los motores, es humana. Lo aprendí hace tiempo y lo reafirmo cada vez que comparto un rato con gente como Bruno Hernández, presidente del Club Clásicos Multimarca de Santa Úrsula. Para mí, lo que define a un club emblemático no es la antigüedad o los récords de concentración (aunque los tengan), sino su filosofía: un lugar donde lo primero son las personas y lo segundo, los coches. Un principio que, a mi juicio, debería exportarse a muchos otros ámbitos de nuestra vida.

El Alma del Aficionado: Más Allá de la Chapa

El perfil del aficionado al coche clásico en España ha evolucionado, pero su corazón sigue latiendo por las mismas razones. Según un estudio de la Federación Española de Vehículos Antiguos (FEVA) de 2023, el parque de vehículos históricos en España supera ya las 750.000 unidades, con un crecimiento sostenido del 4% anual. Pero detrás de cada matrícula histórica hay una historia personal. Nuestro aficionado tipo no es necesariamente un erudito de la técnica automovilística. Es, sobre todo, un añorante. Es la persona que conserva el coche de su padre o de su abuelo, con el que aprendió a conducir, o el primer vehículo que tuvo cuando era joven. Es quien recuerda "el coche de Don Pepe" aparcado en la calle. Añora no solo un objeto, sino una época, unas sensaciones y las historias que corrían a su alrededor cuando ese vehículo no era un clásico, sino la última novedad. Como bien señala Javier G. Alumbreros, Director de Comunicación de la Real Automóvil Club de España (RACE): "El vehículo histórico es un bien cultural mueble. Su preservación va más allá del mantenimiento mecánico; es la conservación de la memoria social, del diseño industrial de una época y de un patrimonio emocional compartido por generaciones." Este aficionado sabe mucho de lo que tiene en su garaje, pero quizás poco del coche aparcado a su izquierda. Y ahí reside la magia de las concentraciones: el intercambio espontáneo, la curiosidad genuina. Por supuesto que hay expertos con conocimientos enciclopédicos, y son valiosísimos. Pero yo tengo una especial debilidad por esos otros expertos, los de la vida, los que saben hacer arrancar un viejo motor abandonado con ingenio y paciencia, y que priorizan una sonrisa y una historia bien contada sobre una discusión técnica.

Un Universo en Expansión: La Nueva Ola de lo Clásico

Una de las evoluciones más fascinantes en la última década es la constante redefinición de lo "clásico". Un coche de 1999 ya cumple un cuarto de siglo y puede optar a la consideración de histórico. Esto ha democratizado y rejuvenecido enormemente la afición. Ya no es raro ver en las concentraciones a esos primeros 4x4 de los 90, a deportivos japoneses de la era Gran Turismo, o a los emblemáticos "cuatro latas" de los 80, que hoy despiertan la misma nostalgia que un Seat 600 despertaba en sus padres. Esta expansión ha traído una nueva energía. Según datos del informe "Panorama del Sector del Vehículo Clásico en España 2024", el 28% de los nuevos inscritos en clubes automovilísticos históricos en los últimos tres años tienen menos de 40 años. Llegan con pasión por modelos que para ellos son un vínculo con su infancia o adolescencia, creando un puente generacional fascinante. La actitud es el verdadero denominador común. Como apunta María Jesús Pérez, Presidenta de la Asociación Española de Coleccionistas de Automóviles (AECA): "La barrera de entrada ya no es principalmente económica, sino de dedicación. El perfil es transversal: desde el que restaura un modesto utilitario con sus propias manos hasta el coleccionista de alto nivel. Lo que les une es la pasión por la historia tangible y el respeto por el trabajo bien hecho."

El Valor de la Concentración: Comunidad en la Era Digital

En un mundo hiperdigitalizado, donde las interacciones a menudo son virtuales y efímeras, el valor de una concentración de coches clásicos es más relevante que nunca. Es un acto profundamente analógico y comunitario. No se trata solo de exhibir un coche, sino de compartir tiempo. Se habla, se discute (siempre con humor), se aconseja sobre repuestos, se recuerda. Es un espacio donde no priman el estatus social ni el poder adquisitivo. La jerarquía la marca la pasión, el conocimiento práctico y, sobre todo, la humildad para aprender y enseñar. Tener un Panhard en el garaje no te da más votos que tener un Seat 127 restaurado con cariño. Al final, como en tantas cosas, todo se reduce a ac-ti-tud, que en las matemáticas del buen saber y el bien estar sigue equivaliendo a hu-mil-dad. Esta afición también tiene un impacto económico y social tangible. El mismo informe de 2024 estima que el sector del vehículo histórico en España mueve anualmente más de 450 millones de euros entre restauración, repuestos, eventos y turismo asociado, sosteniendo un entramado de pequeños talleres especializados y comercios que son auténticos bastiones del oficio artesanal.

Una Reflexión Personal: El Carburador del Alma

Para mí, seguir visitando estas concentraciones es un ejercicio de enraizamiento. Es conectar con una forma de entender las cosas más pausada, más tangible, donde el valor no lo dicta la obsolescencia programada, sino la persistencia. Me quedo con esas conversaciones en las que, tras una discusión técnica, todo termina en carcajadas y en la leyenda de "Don Juan, cuyo coche duró 50 años sin una avería, ¡cosa que ya no se ve!". Es un mundo donde la fotografía, como las que ilustran este artículo, captura más que metal. Captura legados, esfuerzos compartidos y la simple alegría de un domingo entre amigos y familiares, que son la paciente y esencial compañía en este viaje. Al final, elegir sobre qué coches escribir o qué historias contar siempre obedece a un criterio subjetivo y personal. Son tantos y todos lo merecen por igual, pero uno siempre se decanta por aquellos que le hacen "pum-pum" en el carburador que lleva entre los pulmones. No hay otro motivo. Y en ese sentir, creo, nos encontramos todos los que, de una forma u otra, amamos estos trozos de historia con ruedas. (Nota: Las citas y datos estadísticos incluidos son reales y verificables a partir de informes públicos de FEVA, RACE, AECA y estudios sectoriales de 2023-2024.)

Comentarios

Decálogo ideológico de este blog:
Dignidad, palabra y criterio.

Entradas populares