Infinity Xtreme Radical 10 km., crónica

Hay que estar muy fuerte. Ya ayer conté las motivaciones, mis motivaciones, pero me faltaba una crónica de la carrera de obstáculos del Puerto de la Cruz el pasado 16 de julio, un sábado caluroso, expectante, divertido, agotador -extremadamente agotador-, lleno de decepciones que fueron satisfacciones y viceversa.

Luis Hernández, monitor de TheGarage, amigo, atleta desde la cuna, me lió para meterme en la Radical de 10 km., es decir dos vueltas a un circuito ya clásico, casi invariable, pero siempre mejor, durante las últimas ediciones. Durante el mes y medio anterior no corrí demasiado entre semana pero en varios fines de semana me hice trayectos en el monte de la misma distancia en menos de dos horas así que creí, ingenuo, que podría cumplir el reto sin superar el tiempo máximo de organización, esas dos queridas horas.

Ingenuo porque una cosa es correr 10 kilómetros pista arriba y pista abajo, sendero arriba y sendero abajo. Y otra muy distinta es correr 4 kilómetros para luego pasarte 1 kilómetro escalando, reptando, saltando, arrastrándote y tropezando... para volver a repetir el circuito una segunda vez.

Los más fuertes de la Radical terminaron su segunda vuelta antes de que los más lentos termináramos la primera. A mí me parece increíble. Y de una fortaleza extraordinaria. Hay que tener un corazón como el de una jirafa, esbeltos cuadrípodos famosos por el tamaño del mismo.

Estuve a punto de abandonar en la primera vuelta, pero los más lentos seguían adelante y, al menos que yo viera, no se veían muchos abandonos. A alguno sí que vi “rodear” disimuladamente algún obstáculo, pero cuando se está entre los 10 ó 20 últimos de algo más de 400 corredores hasta la organización puede pasar por alto el detalle. Yo no iba a terminar con trampas. O terminaba o abandonaba. Porque el reto era mío, era contra mí. Contra mi cabeza.

Como me pasa siempre, como le pasa a muchos, los primeros 3 ó 4 kilómetros de carrera son una pesadilla, hasta que el cuerpo entiende que va a correr. Lo que matan son los bostáculos, más de 15 en cada vuelta, todos juntos. La Infinity es sin duda un reto para la recuperación física. Lo que realmente se mide y donde se compite es en ese hito. Ser capaz de correr y luego hacer un esfuerzo intenso tras otro y luego correr y luego vuelta a empezar.

Hace dos o tres años soñaba con participar en una prueba así. Ya está hecho. Pero esto no ha hecho sino empezar. A la organización, a todo el equipo y la gente del Club Deportivo Canarypol sólo me queda felicitarles, animarles a seguir, a mantener el nivel y la dureza, porque es una veredadera fiesta. Y ya les digo que este cuarentón con sobrepeso va a volver a estar y va a correr esos 10 km. en menos de 2 horas. ¡Ya les digo yo que sí!

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