Ciclismo de montaña en Tenerife para dummies

El ciclismo de montaña, o MTB (mountain bike), tiene dos palabritas que marcan lo esencial para disfrutarlo y que no hacen ninguna referencia a tener que ser un ironman para salir por esos caminos de dios a pedalear. La primera es ciclismo, la práctica deportiva o de ocio de pedalear en una bicicleta; la segunda montaña, la práctica deportiva o de ocio en el ídem, lo que implica necesariamente que habrá algo de esfuerzo, de sacrificio, de empujar-un-poquito-más-que-ya-llegamos.

Dicho esto, condiciones indispensables para su práctica y sin las cuales ni te molestes en continuar leyendo, voy a repasar como es mi how-to cada vez que salgo de ruta. Algo que podría parecer distinto en cada ciclista pero que, salvo pequeñas variaciones, es más o menos lo mismo.

Antes de la ruta: información

Unos días antes le doy vueltas a por donde quiero ir. Si no conozco el lugar uso Google Earth para ver “desde el aire” los caminos, pistas, carreteras y cruces. Incluso dibujo una ruta usando la herramienta al uso que tiene este magnífico software y calculo distancias. En la década de los noventa hacía lo mismo pero con planos topográficos que compraba en las librerías o los que se podían pillar en el Ejército. Una maravilla artesanal. La idea era la misma, tener la mejor información posible del sitio donde me iba a meter, asumiendo que una vez sobre el terreno todo serán sorpresas.

Si conozco la zona pienso en qué me apetece. Descender, pedalear mucho, retos de subidas, perderme dentro del monte por caminitos y vereditas. Y hasta por qué zona quiero descansar y avituallarme. Lo ideal es algún bareto perdido en los límites del monte, que por lo común suelen estar llenos de ciclistas, moteros, quadqueros (que no cuatreros, aunque haberlos, haylos), senderistas, cazadores, los locos del airsoft y algún ganadero despistado con tanto intruso. Ten en cuenta que en los montes de Tenerife eso que se dice de si bajas llegas al mar y si subes al Teide... es una trola como un castillo de grande. Advertido quedas. Infórmate.

Preparando los cachivaches: equipamiento

El día antes de salir de ruta procuro prepararlo todo. Y reviso que todo lo preparado está en condiciones de ser usado (ya he visto a más de uno sacar un neumático... pinchado en la ruta anterior). Que no es tanto lo que se lleva, pero uno va juntando chorraditas útiles para los por-si-acaso, lo que hace que la mochila cada vez se ponga más gorda. Luego, con los años, haces el proceso inverso, vas quitando lo que en todos tus años de pedaleo no has usado. Y justo cuando lo quitas, lo necesitas.

Dicho lo cual, te enumero:
  • Ya hemos dicho que ciclismo es montar en bicicleta. Una bici de montaña no es una bici de paseo ni es la bici de tu sobrino. Un chisme de estos que esté por debajo de los 400 euros (de media) para un nivel básico de práctica muy probablemente te dará problemas desde el primer día (salvo que llamemos MTB a dar un paseo por el parque). Suspensión delantera, muy aconsejable. Trasera, opcional según el tipo de rutas que vayas a hacer. Que sea de tu talla es muy importante. Y llevar más o menos bien regulados y en su sitio manillar y sillín lo siguiente muy importante.
  • Casco. Y no porque te vaya a multar la policía de monte, si es que la encuentras. Sino porque una caída en este tipo de terrenos es... en fin... tú ponte el casco. Para debajo del casco es aconsejable un buff o un pañuelo de cabeza. Hazme caso. O haz la prueba y luego me cuentas.
  • Una mochilita. Para tres o cuatro cositas que, humildemente, considero indispensables. Los cracks del MTB llevan unas camisas de ciclismo con bolsillos traseros donde no llevan casi nada. Luego cuando te los tropiezas en el monte tirados con una avería es cuando ven útil tu mochilita.
  • Un buen calzado. Algo rígido pero que no te dé molestias en el pie al pedalear. Lo ideal es que pongas anclajes en los pedales y vayas enganchado como un hombre/mujer con agallas. (¡Pruébalo! ¡Es más seguro de lo que crees!) Y por supuesto unos calcetines transpirables finos. Un mal calzado puede crear efectos tan simpáticos como que se te enduerman los dedos de los pies. Un consejico de na', te lo doy gratis, las botas de spinning o de carretera no son para montaña, por muy caras que te hayan salido.
  • Ropa de ciclismo. Mira, vale que no te quieras poner la camisa apretada porque marcas tripa y te da vergüenza. Lo sé. Lo comparto contigo. Pero al menos el culotte (de ciclismo, viciosillo) es muy recomendable. Salvo que quieras sacrificar tu entrepierna (y eso va por ellos y por ellas). Las camisas de ciclismo son transpirables, se secan casi inmediatamente. Pero sobre todo al ser ajustadas, aunque marques tripa, evitarás que se te enganchen en ramas, zarzas y otras armas arrojadizas que suele usar el monte para hacerte la ruta más divertida. Una chaquetilla o suéter y un chubasquero plegable de los que apenas ocupan espacio te salvarán en más de una ocasión de las sorpresas que da el tiempo atmosférico en el monte.
  • Agua. En una bolsa con manguera, que cuestan unos 5 a 10 euros (la llevas dentro de la mochila, la manguera pasa por encima de tu hombro y va enganchada en las asas). Esta pijadita, barata, te permite beber según pedaleas y, además, racionar más el agua, por lo que llevarás menos cantidad (1 litro = 1 kilo). Opcional, de toda la vida, bidón, que si lo llevas enganchado a la bici pues te facilita su uso. Si no, a la mochila.
  • Algo que chascar, azúcares básicamente, para los subidones de energía que vas a necesitar. El plátano es un clásico (por el potasio). Conocí a un ciclista de montaña, de los muy buenos, que llevaba dátiles. Ahí lo dejo. También están las habituales barritas energéticas, que compres la que compres ya te digo yo que saben todas iguales.
  • Gafas. Si no las necesitas, de sol. De las que se venden para la práctica deportiva, ideales. Si las usas más que nada para que veas por donde vas y no te des un mamporro. Eliminan el molesto problema de bichos, ciscos y piedrecillas en los ojos.
  • Herramientas y repuestos, qué básicamente te diría un neumático de repuesto nuevo (es más rápido casi siempre que arreglar un pinchazo -yo llevo dos-). Un set de parches -no seas agarrado, valen 2 ó 3 euros-. Una bomba, of course. Y ahora, en vez de decirte que lleves una ristra de herramientas hiper-especializadas que ni tú ni yo sabemos manejar, te aconsejo cinta americana y bridas. La de cosas que he visto arreglar en medio del monte con estas dos maravillas de venta en cualquier ferretería. Ya la práctica te irá diciendo si llevar un cable de repuesto o no para los cambios, eslabones o no para la cadena -por lo que te hará falta un tronchacadenas, una cosa sin la otra es una estupidez-. Un juego de llaves allen (casi todo en las bicis hoy se aprieta con una allen). Puede ser que una navaja multiusos. Puede ser que unos pequeños alicates. En fin. La experiencia te dirá que en ocasiones haces el idiota por cargar tanta mierda y en otras alabará lo listo que fuiste por cargarlas. Digan lo que digan los expertos. Especialmente si sales en solitario.
  • Electrónica. Un cuentakilómetros te ayudará a trazar objetivos (por ejemplo, pedalear 20 kms. en 3 horas -somos dummies, no lo olvides-). Tener información de lo que haces te ayudará a motivarte a seguir. El móvil, con alguna aplicación de geolocalización, no está de más. El Whatsapp para los escasos tramos con cobertura te ayudará a estar en contacto con la familia. Y ya si vas de pijo puedes registrar tus 20 kms. y 3 horas en aplicaciones como Endomondo, Wikiloc, My tracks o cualquier otra. Life360 o la nueva Alpify es de lo más conveniente. Un consejo, no censures tus oídos con auriculares. Por seguridad -sobre todo- y por disfrutar de lo que te rodea.
  • Actitud. A ver, ya lo dije al inicio. En el monte es vital la actitud de superación. Yo creía que esto era algo tan obvio como que ciclismo implica pedalear -salvo en las pechadas donde echas el pie a tierra y el corazón al suelo-. Pero últimamente he comprobado que igual hay quien se la deja en casa. ¡Sin acritud lo digo, eh!

Partiendo la pana: después-de

Ya has terminado tu primera ruta. O la segunda. O la decimonovena. La experiencia empieza a contarte algunas cosas que son sobre todo útiles para ti mismo o misma. Ya sabes si un litro de agua es mucha o poca agua -aunque eso varía según la persona, el tiempo atmosférico, el tiempo de pedaleo y el tipo de ruta-. Sabes si eres un miedoso en las bajadas o tu gran reto es que tu corazón se comporte en las subidas.

Pues ya te habrás dado cuenta que hay un después de la ruta. Lo primero, al llegar a casa, es recoger el material, ubicarlo en su sitio de almacenaje, limpiándolo de barro, polvo o lo que sea menester según el día. Limpia bien la bicicleta y engrásala. No dejes la ropa para un segundo uso, cochino, lávala siempre (pedalear oliendo el sudor del domingo pasado es de cafres).

Cuando te bañes, agua fría a las piernas. Aunque cuando acabes la ruta no está de más unos sencillos ejercicios de estiramiento. No te pegues embostadas porque vienes muerto de hambre, animalito o animalita de Dios, lee e investiga sobre cómo alimentarte correctamente.

Repasa las fotos de la ruta, si las hiciste, cuéntale a tu familia tu épica aventura de 20 kms. en 3 horas. Compártela en tus redes sociales y que les den morcilla a los que van en expert-mode. Siéntete orgulloso. Tienes 30, 40 ó 50 años, un evidente sobrepeso, no haces deporte desde hace dos décadas. Y hoy has empezado a pedalear.

¡Bravo por ti, dummie! ¡Ya eres uno más en nuestro clan!

Comentarios

Publicar un comentario